VENTILADORES DE EMERGENCIA COVID-19

Escrito por :
Arnoldo Heredia
Ingeniero en Mecatrónica
El reto comenzó a principios del año 2020. Era el mes de marzo y el virus ya estaba afectando al estado de Sonora, mi estado. Los casos aumentaban y, poco a poco, el sistema de salud se saturaba. Ahí fue donde nos dimos cuenta que era momento de hacer algo al respecto.
Mi nombre es Arnoldo Heredia y me dedico a la ingeniería de dispositivos médicos de bajo costo y alta prioridad. Pertenezco a la empresa GSE Biomedical, donde, a lo largo de los años, nos hemos dedicado a desarrollar dispositivos ortopédicos, cardiovasculares, auxiliares en detección de cáncer, entre otros. Sin embargo, esta vez el reto era diferente. Nuestra sociedad se encontraba vulnerable ante la amenaza de la pandemia causada por el virus COVID-19, y decidimos que era momento de utilizar todo lo aprendido en el ramo médico-ingenieril con la finalidad de aportar la mayor ayuda posible. Se acercaron a nosotros fundaciones locales, empresarios y universidades como el Tecnológico de Monterrey buscando la manera de colaborar en este esfuerzo.
Transcurría el mes de abril y nos encontrábamos en el inicio de la producción de equipo de protección personal para donar a los diversos hospitales del estado y personal de la policía. Simultáneamente comenzó el diseño de lo que sería el primer ventilador de emergencia. Durante este mismo mes, subimos a internet el funcionamiento de los prototipos iniciales. Estos causaron revuelo en las redes y fueron compartidos en noticieros locales y nacionales como una de las tantas iniciativas a nivel nacional que buscaba el desarrollo de un ventilador invasivo. El mes de abril finalizaba y comenzaba lo que sería la aventura de los meses de mayo, junio y julio. Esto es porque se nos acercó un grupo de empresas de Monterrey, entre ellas FEMSA y Metalsa, buscando potenciar lo que hasta ese momento era un prototipo funcional y ayudar a convertirlo en un producto final, combinando esfuerzos y conocimientos, cada quien en su área pero con la misma finalidad de ayudar a México.
Durante las siguientes 10 semanas a partir del inicio del mes de mayo, se enfocaron los esfuerzos de cerca de 40 ingenieros para el refinamiento del diseño del ventilador así como el diseño y fabricación de la planta de producción en Metalsa, en la ciudad de Apodaca, Nuevo León. Cerca de 800 personas influyeron de alguna forma directa o indirecta en el proyecto, y, gracias a la asesoría clínica del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición en la Ciudad de México, se pudo lograr en tiempo record la aprobación regulatoria del primer ventilador de emergencia 100% mexicano.
En tan solo 3 semanas, se logró la producción de 200 ventiladores listos para enviarse a cualquier lugar de la República que necesitara un ventilador para tratar las neumonías más difíciles provocadas por el virus. Actualmente se esta buscando, a través de la Secretaria de Relaciones Exteriores, extender el alcance de éste ventilador hasta los países del Caribe. Se busca en el futuro inmediato realizar la donación de 50 unidades a los países más necesitados.
Actualmente, la capacidad de producción es de 300 ventiladores por semana, lo que puede tener un impacto significativo, ya que el sistema de salud en México se encuentra bastante necesitado de equipo médico. Cerca del 45% de las personas que fallecieron a causa de COVID-19 pudieron haber ocupado un ventilador y no tuvieron acceso a él. Y, sin dudarlo, puedo hablar por el equipo y decir que es una satisfacción escuchar de parte de los médicos, hablar sobre el buen desempeño del equipo y los resultados exitosos que han logrado al tratar a pacientes afectados por el virus.

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